Preocupa en Argentina la nutrición durante los segundos mil días de vida

Preocupa en Argentina la nutrición durante los segundos mil días de vida

  • La etapa de los 2 a los 5 años, los ‘segundos mil días’, es crítica para establecer hábitos alimentarios que contribuyan a prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas en el futuro, aunque la situación nutricional actual de esa población en nuestro país no es alentadora. 
  • Niños y niñas en Argentina presentan baja ingesta de nutrientes como calcio, potasio, fibra y vitaminas, y elevada ingesta de sodio, azúcar y grasas saturadas.1 Además, 4 de cada 10 tienen malnutrición (18,6%, sobrepeso; 20,6%, obesidad; y un 2,9%, bajo peso).2 
  • Se abordó este tema en el marco de la presentación de PROFENI, un plantel de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que comenzó a trabajar en conjunto para promover mejoras en la nutrición y construir infancias saludables. 

 

Buenos Aires, 21 de agosto de 2024

Mucho se habla de los primeros 1000 días, que van desde la gestación hasta los dos años, y es pertinente que así sea, porque es una ventana de oportunidad para intervenir y que los niños y niñas puedan alcanzar todo su potencial de desarrollo y crecimiento. Sin embargo, esa ventana no se cierra al cumplir dos años; muy por el contrario, los ‘segundos mil días’ -entre los 2 y los 5 años- son también una etapa central, en buena medida para seguir estableciendo hábitos de alimentación que acompañarán durante toda la vida y condicionarán la salud futura. 

Lamentablemente, las estadísticas locales no son alentadoras respecto del estado nutricional de niños y niñas en esa etapa. La alimentación entre los 2 y 6 años en nuestro país presenta déficits de nutrientes esenciales para el crecimiento y el desarrollo como calcio, potasio, fibra, vitaminas A, C y D, mientras que es elevada en nutrientes críticos como sodio, azúcar y grasas saturadas.3  

Específicamente, lo que se ve en la alimentación de los más chicos es una escasa ingesta de frutas, verduras y lácteos -es particularmente bajo el consumo de yogur. Además, se da un exceso de ingesta de alimentos feculentos (hidratos de carbono, con preponderancia de fideos, arroz, panificados, galletitas) y carnes rojas. 

Este tema fue abordado durante la presentación de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), un equipo de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que -convocado por Danone- se unió para trabajar en conjunto en el desarrollo de propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios, llevar adelante investigación en este campo, comunicar para concientizar sobre alimentación y así contribuir a la construcción de infancias saludables. 

En el mundo, las diferentes formas de malnutrición están creciendo, pasando del enfoque centrado en el hambre a la subalimentación crónica, carencia de micro y macronutrientes, sobrepeso-obesidad y a enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.4  

“Todas estas formas de malnutrición afectan al desarrollo humano, teniendo entre sus efectos un impacto en el progreso social y económico, así como en el ejercicio de los derechos humanos en sus múltiples dimensiones. La pobreza lleva a la inseguridad alimentaria, al hambre y a la malnutrición; estas ocasionan un desarrollo físico y cognitivo deficientes, lo que genera baja productividad y eso acentúa la pobreza5, reconoció Dr. Omar Tabacco, médico pediatra gastroenterólogo y expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría. 

En este sentido, los segundos mil días son una etapa central, afirmaron los especialistas: representan una oportunidad clave para promover los mejores patrones de alimentación posible, para que estos contribuyan al estado de salud general de estos niños y niñas cuando crezcan, en lugar de ser causantes del desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, como las cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y varios tipos de cáncer, entre otras.   

Ya está más que demostrado que la nutrición pediátrica tiene un impacto significativo en el desarrollo de enfermedades en la edad adulta. Por eso, se habla de ‘prevención primordial’, que es aquella integral y anticipada, que comienza tempranamente, con la implementación de estilos de vida que impidan el desarrollo de factores de riesgo.  

Cerca de esta etapa, se consolida la incorporación del niño y la niña a la mesa familiar, representando un momento significativo en su crecimiento y desarrollo, porque va más allá de la acción de comer: implica aprendizaje, socialización y la adopción de hábitos alimentarios que se reflejan en los de la familia. Las comidas familiares permiten observar y seguir modelos. Si los hábitos de la familia son poco saludables, el niño o la niña los adoptará.  

“La incorporación del niño y/o la niña a la mesa familiar ofrece numerosas oportunidades para su desarrollo integral. Sin embargo, es fundamental que las familias puedan ofrecer un ambiente positivo y saludable durante las comidas. Fomentar una actitud amorosa y paciente hacia la alimentación y aprovechar las comidas como momentos de aprendizaje de hábitos saludables tiene un gran impacto en el bienestar del niño y la niña”, sostuvo Alberto Arribas, especialista en Nutrición, presidente de la Asociación Civil Supersaludable.  

También es una etapa en la que comienza la escolarización, donde los hábitos construidos en la familia pueden verse afectados por los de sus pares. Hoy en las escuelas predominan alimentos de baja calidad nutricional. “Aparecen los snacks, galletitas y jugos azucarados. Muchos niños van a la escuela sin haber desayunado o habiéndolo hecho de forma incompleta, siendo lo que comen en la escuela su primera ingesta del día y, muchas veces, es poco nutritiva. Es importante ofrecerles, para esos momentos, alimentos de buen valor nutricional, priorizando frutas frescas de estación, frutos secos, semillas, cereales sin azúcar y yogur libre de sellos, con probióticos (transportado de forma segura)”, agregó Arribas.

 

Microbiota intestinal y los segundos mil días

 

En esta etapa, y durante toda la vida, sigue desarrollándose nuestra microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos que se aloja en el intestino e interactúa con nuestro organismo con el potencial de impactar -favorable o desfavorablemente- sobre nuestra salud). 

Particularmente, los nacidos durante la pandemia, que se vieron sometidos -como todo el resto de nosotros- a muchos meses de aislamiento, están entrando actualmente en sus segundos 1000 días y podrían experimentar condiciones inmunológicas desfavorables debido a una maduración no adecuada de su sistema inmunológico durante sus primeros 1000 días.

De todos modos, siempre pueden tomarse medidas para contribuir a modular el ecosistema de microorganismos que habitan el intestino. “Para tener una microbiota saludable, ayudan el parto natural y la lactancia materna en la primera etapa de la vida, pero luego puede complementarse con la realización de actividad física, estar al aire libre, dormir las horas necesarias para cada edad, solo tomar antibióticos cuando es estrictamente necesario y priorizar una alimentación equilibrada y diversa. Incorporar diariamente yogures con probióticos demostró el beneficio adicional de contribuir a que proliferen las ‘bacterias buenas’ en el intestino”, especificó Gabriel Vinderola, Doctor en Química, investigador principal del Instituto de Lactología Industrial (CONICET-UNL) y docente de la Universidad Nacional del Litoral. 

Integrantes de PROFENI: Dra. Cecilia Araujo (Pediatría), Esp. Albert Arribas (Nutrición), Lic. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Lic. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química). 

Mitos y verdades sobre el yogur, un alimento clave en la infancia

Mitos y verdades sobre el yogur, un alimento clave en la infancia

Despejando dudas con evidencia científica

Aporta nutrientes como calcio, proteínas y vitaminas. Además, es un alimento vivo, que -por ser fermentado, contribuye con millones de bacterias que ofrecen beneficios adicionales para la salud digestiva e inmunológica, especialmente aquellos enriquecidos con probióticos. Sin embargo, persisten creencias erróneas alrededor de su consumo.
Por eso, integrantes de PROFENI -un equipo comprometido con la promoción de una alimentación infantil saludable y balanceada- abordan los mitos más frecuentes en torno al yogur, respaldándose en la evidencia científica para ofrecer información clara y confiable.
Buenos Aires, 10 de diciembre de 2024 – 8 de cada 10 personas no incorporan las 3 porciones de lácteos recomendadas1, el 70% de los niños no cubre la ingesta diaria aconsejada de calcio2 y más del 90%, no alcanza la de vitamina D3. Sin embargo, esta situación puede revertirse incorporando en la dieta alimentos como leche, queso y yogur.4,5

“Entre los lácteos, el yogur tiene todo lo bueno de la leche con el valor agregado de ser un alimento vivo, que aporta bacterias que cumplen funciones impactando favorablemente en todo el organismo, promoviendo bienestar y contribuyendo a prevenir enfermedades crónicas complejas en el futuro, como la diabetes tipo 2”, sostuvieron expertos de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), un equipo de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que trabaja en el desarrollo de propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios, llevar adelante investigaciones en este campo, comunicar para concientizar sobre alimentación y así contribuir a la construcción de infancias saludables.

A continuación, se detallan los mitos que los profesionales de la salud eligieron desterrar:

MITO: «No se recomienda el yogur en niños pequeños». El aporte de nutrientes hace del yogur una opción saludable y beneficiosa desde que el bebé comienza la alimentación complementaria. No existen motivos científicos para retrasar su incorporación en la dieta. Es un alimento nutritivo que, además, por su textura y sabor, suele ser aceptado por bebés y niños pequeños.
Hay quienes no lo recomiendan por su aporte de azúcar. “Existen yogures bajos en azúcar e inclusive opciones naturales, sin azúcar añadida; y en aquellos que tienen azúcares añadidos, este es el equivalente a una o dos cucharaditas de té. Sin embargo, incluso en estos casos, su composición y beneficios superan a los de alternativas como alfajores, galletitas, otros panificados o postres, que suelen ser incorporados tempranamente”, destacaron desde PROFENI.

Respecto de la recomendación de no consumirlo hasta los 5 años por un eventual riesgo de que contenga bacterias dañinas como la escherichia coli, que produce el síndrome urémico hemolítico, el único riesgo del yogur es el mismo que el del resto de los alimentos de la cocina: el de la contaminación cruzada. Por ejemplo, que se use para consumir un yogur el mismo utensilio que haya estado en contacto con un alimento que contenga la bacteria (verdura mal lavada, carne de vaca cruda, etc.), pero no es un riesgo inherente al yogur por sí mismo, en absoluto.

MITO: «No consumir yogur si perdió la cadena de frío”. La fermentación es un método ancestral que permite la conservación de alimentos. Por lo tanto, si el yogur estuvo sin refrigeración, pero cerrado, por varias horas, no representa riesgo microbiológico ni de ningún tipo. Los procesos de fermentación y doble pasteurización durante su elaboración eliminan todos los patógenos posibles, sin chances de que estos proliferen. El yogur puede desprender suero o adoptar un sabor levemente más ácido, pero su consumo sigue siendo absolutamente seguro.
“Esto transforma al yogur en una gran opción para las viandas escolares, así los niños pueden llevarlo de postre o como colación de media mañana o media tarde”, explicaron desde PROFENI.

MITO: «El yogur es un ultraprocesado más». En esencia, el yogur está compuesto por leche y bacterias lácticas. Ciertamente, al yogur elaborado industrialmente se le agregan, en determinados casos, colorantes, saborizantes y estabilizadores, como el almidón. Ese almidón, que corresponde al 0.3% de la composición de ingredientes, no es más que la harina de almidón de maiz que se tiene en la alacena (conocida coloquialmente como maicena) y que se usa, por ejemplo, para espesar la salsa blanca.
“Se considera al yogur natural como alimento ‘mínimamente procesado’ y a los yogures en general como ‘procesados’, que significa que incluyen métodos de conservación, preparación y/o fermentación no alcohólica para aumentar su vida útil o para modificar o mejorar sus cualidades sensoriales6. Ni todo lo todo industrializado es malo, ni todo lo casero es bueno. De hecho, existen alimentos caseros, presumiblemente más naturales, como una medialuna, que no recibe ese rótulo, pero no aporta todo lo saludable que brinda el yogur”, explicó Mariana Raspini, Licenciada en Nutrición, especialista en Nutrición Pediátrica de la Universidad de Buenos Aires e integrante de PROFENI.

MITO: “No pueden consumir yogur los intolerantes a la lactosa”. La intolerancia a la lactosa no es una condición de todo o nada; varía de persona a persona. De hecho, estudios muestran que la mayoría de quienes presentan síntomas digestivos tras consumir leche, no son intolerantes al yogur. Es importante resaltar que el grado de tolerancia varía significativamente según la matriz láctea. El 80% de los ‘intolerantes a la lactosa’ tolera el yogur7,8, porque la fermentación reduce el contenido de lactosa y las bacterias del yogur ayudan con su digestión.9
MITO: «Todos los yogures son probióticos». Todos los yogures son alimentos fermentados, que tienen bacterias vivas. Pero los probióticos son cepas específicas de bacterias, aisladas en laboratorio, reproducibles y medibles, muy estudiadas, con un funcionamiento y beneficios específicos demostrados. Por lo tanto, no toda bacteria viva es un probiótico. Aquellos yogures que incluyen en su rótulo la presencia de probióticos deben especificar la cepa y eso lo aprueba la autoridad regulatoria. En realidad, la incorporación de probióticos en algunos yogures es un elemento distintivo y representa un beneficio para la salud.
MITO: “No hay suficiente evidencia de los probióticos”. Aunque queda mucho por saber sobre la microbiota y el alcance de su impacto en nuestro organismo, mucho ya se sabe al respecto también, y la evidencia en favor de los beneficios de los probióticos y del yogur en general está debidamente documentada.
“La composición de la microbiota intestinal está influenciada, en parte, por nuestra alimentación.10 El consumo habitual de yogur modifica su funcionamiento aportando beneficios para la salud.11,12,13 Mantener la diversidad y abundancia de la microbiota intestinal contribuye a prevenir enfermedades14, porque interviene en el desarrollo y normal funcionamiento del sistema inmunológico y de los sistemas nerviosos central y periférico.15 Aquellas presentaciones de yogur que ofrecen agregado de probióticos contienen millones de bacterias y su consumo diario podría potencialmente aumentar el número de bacterias en la dieta hasta 10.000 veces.16 Todo esto representa beneficios extensamente demostrados”, profundizó el Dr. Christian Boggio Marzet, médico pediatra y gastroenterólogo, Director de la Maestría en Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica de la Universidad del Salvador.

Consumir regularmente yogur con probióticos puede reforzar las bacterias vivas en el intestino, más comúnmente los iniciadores de yogur: Streptoccocus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus. Además, pueden agregarse prebióticos al yogur (a menudo en forma de fruta) y estos pueden estimular la proliferación de bacterias beneficiosas en el intestino.23

Verdades sobre el yogur

Versatilidad. Es un alimento que puede formar parte de un desayuno nutritivo, con un valioso aporte de micro y macronutrientes. “También puede ser un aliado para mejorar el aporte nutricional en las meriendas, en reemplazo de otras opciones de baja calidad nutricional como galletitas, alfajores u otros snacks.24,25 El yogur también puede incorporarse como ingrediente para la elaboración de ensaladas, postres y otras preparaciones y así contribuir, por su textura y sabor, a que niños y adolescentes incorporen otros alimentos que no ingieren de otra manera”, especificó la Dra. Andrea Fabiana González, integrante de PROFENI y Jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología ‘Dr. C. Bonorino Udaondo’.
Beneficios para los huesos: El yogur es una de las mejores fuentes de calcio biodisponible. El consumo de yogur está relacionado con un crecimiento saludable de los huesos durante la niñez y adolescencia26, pero también se asocia con una mayor densidad mineral ósea en personas de todas las edades27,28,29,30. Demostró reducir 25% el riesgo de fractura de cadera en adultos mayores31, un 39% el riesgo de osteoporosis en mujeres y un 52% en hombres.32,33,34,35
Salud digestiva e inmunológica: Gracias a los cultivos vivos que contiene, el yogur contribuye a ampliar la diversidad de microorganismos presentes en el intestino, fortaleciendo el sistema inmunológico, contribuyendo a prevenir alergias alimentarias, dermatitis atópica y enfermedades respiratorias crónicas, entre otras.
Prevención de diabetes tipo 2: El yogur reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo 236,37,38,39, tal como validó recientemente la FDA de los Estados Unidos luego de analizar toda la evidencia científica disponible al respecto. En concreto, en ese país, el packaging de yogures puede incorporar la siguiente leyenda: «Consumir yogur regularmente, al menos 2 tazas (3 porciones) por semana, puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2 según evidencia científica limitada».
“Por todo esto, incorporar yogur en la dieta infantil aporta beneficios inmediatos y también puede contribuir a sentar las bases para una vida más saludable, que debe incluir –desde etapas tempranas de la vida- toda una serie de aspectos en términos de una nutrición variada y equilibrada, pero también contemplar la realización de actividad física, el control del peso corporal, controles frecuentes de salud, un descanso nocturno reparador, vida social activa y evitar sustancias tóxicas como el tabaco o el alcohol, entre otras”, concluyeron desde PROFENI.

Integrantes de PROFENI: Dra. Cecilia Araujo (Pediatría), Esp. Albert Arribas (Nutrición), Lic. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Lic. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Lic. Florencia Flax Marcó (Nutrición), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dra. Andrea Fabiana González (Gastroenterología), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Mónica Katz (Nutrición), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química).

8 de cada 10 niños y niñas rechazan la incorporación de alimentos nuevos

8 de cada 10 niños y niñas rechazan la incorporación de alimentos nuevos

  • La negativa a probar alimentos distintos comienza cerca de los 2 años y se acentúa entre los 4 y los 64,5,6; los niños y niñas tienden a desarrollar mayor flexibilidad desde los 7 u 8 años.   
  • La neofobia alimentaria lleva a ingerir menos frutas y verduras, más alimentos ricos en grasas y, en consecuencia, presentar dietas menos variadas que lo recomendado.7,8 
  • Expertos subrayan que, con paciencia y repetición, generando un entorno positivo y promoviendo la imitación, es posible introducir una amplia gama de alimentos que contribuirán al desarrollo saludable en la infancia. El apoyo de expertos en nutrición y pediatría es esencial para guiar a madres y padres en este proceso. 
  • Buenos Aires, 2 de septiembre de 2024 – La neofobia alimentaria, definida como el miedo o el rechazo a probar nuevos alimentos9, es un fenómeno frecuente (cotejando diversos estudios, afecta a más del 77% de los niños10,11,12) que puede representar un riesgo para la salud del niño o niña13. Una dieta deficiente puede afectar la talla y el peso en los niños, pero también puede impactar en su desarrollo cognitivo y en su sistema inmunológico. Las dificultades relacionadas con la alimentación impactan en toda la familia14, pero expertos destacan que se puede superar mediante la implementación de las estrategias adecuadas.  

“Obligar a terminar el plato, dejar sin postre al que no come la comida u otros castigos solo generan una predisposición negativa adicional hacia los alimentos que afianza el problema en lugar de acercar la solución”, sostuvieron expertos de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), un equipo de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que trabaja en el desarrollo de propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios, llevar adelante investigación en este campo, comunicar para concientizar sobre alimentación y así contribuir a la construcción de infancias saludables. 

“Las primeras experiencias con la comida, incluyendo la lactancia materna, tienen un impacto significativo en las futuras preferencias de sabor, pero el sabor es una construcción de la que participan los sentidos del gusto, del olfato y del tacto; la textura del alimento cumple un rol preponderante en la infancia, así como su color. Lo que es fundamental es que el momento de la comida sea placentero para ellos y que vean que los nuevos alimentos son de consumo habitual para el resto de la familia”, destacó la Dra. Cecilia Araujo, pediatra especialista en nutrición pediátrica de la sección Nutrición y Diabetes del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.  

La inclinación a lo dulce, presente desde el nacimiento, suele ser mayor en niños que en adultos.15 El aprendizaje de los sabores se consigue con el tiempo y mediante exposición repetida.16,17,18 

Los niños y niñas con neofobia comen menos frutas y verduras, ingieren más alimentos ricos en grasas y presentan dietas menos variadas que los demás.19,20,21,22,23 Esto es preocupante, ya que las preferencias y la diversidad en la dieta de los adultos están estrechamente vinculadas con las que estos tenían a los 2-3 años de edad, por lo que una dieta pobre en la infancia es un predictor de una dieta pobre en la adultez.24 

En nuestro país, existe una amplia brecha entre el patrón alimentario actual de niños, niñas y adolescentes y las recomendaciones de consumo. Por ejemplo, según un informe reciente de la Fundación Interamericana del Corazón y UNICEF, se consume solo el 20%  de las cantidades recomendadas  de frutas y verduras.25 Además, 8 de cada 10 no incorporan las 3 porciones de lácteos recomendadas26, el 70% de los niños no cubre la ingesta diaria recomendada de calcio27 y más del 90%, no cubre la de vitamina D28. 

Las frutas y verduras son ricas en fibra, que tiene acción prebiótica e interviene beneficiosamente en la modulación de la microbiota intestinal, ese conjunto de microorganismos que habita nuestro intestino y que interactúa con todo el organismo impactando en nuestra salud. Los lácteos son fuente de calcio y vitamina D. El yogur, específicamente, además aporta microorganismos vivos que también modulan la microbiota intestinal. La baja ingesta de estos alimentos representa que se pierde esa oportunidad de generar un beneficio y, además, es probable que ocupen la base de esa dieta otros alimentos de menor calidad nutricional, como galletitas, alfajores, caramelos, chupetines, embutidos, entre otros. 

«Es crucial entender que las preferencias alimentarias se desarrollan desde una edad muy temprana, a partir de las primeras experiencias con los diferentes sabores. Los padres, madres y/o cuidadores deben ser pacientes y persistentes en la exposición de sus hijos a una amplia variedad de alimentos para fomentar hábitos saludables a largo plazo», sostuvo Mariana Raspini, Licenciada en Nutrición, especialista en Nutrición Pediátrica de la Universidad de Buenos Aires.  

Para entender los comportamientos nutricionales de un niño o niña hay que considerar sus primeras experiencias con la comida, además de su personalidad, su entorno y desarrollo. De todos modos, las características sensoriales de los alimentos (aroma, gusto, textura y color) pueden ser determinantes en el grado de aceptación de un alimento. Además, la existencia de neofobia en los adultos que acompañan el acto de alimentar también puede condicionar la exposición a ciertos alimentos, limitando la variedad29 

Seis estrategias para superar la neofobia alimentaria 

A continuación, se desarrollan algunas medidas efectivas para mejorar la predisposición en niños y niñas a incorporar alimentos nuevos: 

  1. Entorno social positivo: propiciar que la alimentación se dé en un marco de encuentro familiar, en un espacio seguro, alegre, de disfrute y compartida, puede incrementar la disposición de los niños a probar e incorporar alimentos nuevos. Se debe evitar instalar una confrontación entre el niño o niña y el plato de comida. Muchas veces, por el afán de que se alimente, se genera una lucha entre la madre, el niño o niña y el plato de comida, lo que perpetúa la dificultad alimentaria, con el riesgo de contribuir -involuntariamente- a instalar un trastorno de la conducta alimentaria.
  2. Combinación con alimentos preferidos: Combinar nuevos alimentos con aquellos que los niños ya disfrutan puede facilitar la aceptación. Por ejemplo, el yogur puede ser una excelente base para incorporar frutas y cereales que los niños podrían rechazar de otra manera. También sirve para otras preparaciones, utilizándolo como aderezo en ensaladas o como salsa en platos más elaborados, a donde la textura y el sabor del yogur contribuyan a incorporar otros alimentos, como verduras, legumbres y hortalizas, por ejemplo.
  3. Exposición repetida: Introducir repetidamente un nuevo alimento en pequeñas cantidades y en diferentes formas de cocción o preparación puede aumentar la disposición del niño a probarlo y, eventualmente, a aceptarlo. Es importante crear un entorno positivo durante estas introducciones. La aceptabilidad de una nueva fruta o verdura aumenta  tras 8 a 10 exposiciones a ésta.30,31 El efecto es tan fuerte y tan poderoso que se ha convertido en el estándar de oro contra el cual cualquier otro mecanismo es estudiado.
  4. Participación en la preparación de alimentos: Involucrar a los niños y niñas en la cocina, los ayuda a tener contacto con ese alimento, sentirlo, tocarlo, olerlo, conocerlo y -de esa manera- ir perdiéndole paulatinamente el miedo a  probarlo e incorporarlo.

«Involucrarlos en la preparación de sus comidas puede hacer la diferencia en su disposición a probar y aceptar nuevas opciones; siempre garantizando que la cocina sea un lugar seguro (sin elementos cortantes a mano, priorizando el encendido de hornallas posteriores y asegurándose de que se alejen del horno prendido)», aclaró la Dra. Ana María Tamagnone, pediatra, diplomada en neurodesarrollo e intervención temprana en niños pequeños.  

  1. Imitación: esta se ha asociado a una mayor aceptación de nuevos alimentos por parte de los infantes32. La observación de progenitores y/o hermanos comiendo y disfrutando de los alimentos estimula al niño a consumirlos33,34,35; los comportamientos de los otros durante la exposición son cruciales para estimular o desalentar la ingesta del nuevo alimento.36

“El rechazo es una estrategia adaptativa para evitar alimentos nuevos potencialmente peligrosos, pero es algo que los seres humanos resuelven observando y copiando las dietas de otros, lo que sugiere la existencia de un componente de aprendizaje social en las preferencias alimentarias y la posibilidad de intervenir para reducir ese rechazo a alimentos nuevos, en tanto y en cuanto esto contribuya a mejorar los patrones alimentarios en la infancia”, explicó Dra. Noelia Rodrigues Cambao, especialista en medicina familiar y psiquiatría, integrante del servicio de psiquiatría del Hospital Posadas. 

  1. Variedad: proporcionar tres alimentos nuevos diferentes tres veces cada uno, alternándolos entre días, incrementa la aceptabilidad de los alimentos nuevos más que ofreciéndolos durante tres días consecutivos.37

Integrantes de PROFENI: Dra. Cecilia Araujo (Pediatría), Esp. Albert Arribas (Nutrición), Lic. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Lic. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química).  

Pautas para que los niños y niñas tengan vidas más activas

Pautas para que los niños y niñas tengan vidas más activas

Con el receso escolar, se vuelve un desafío promover las rutinas veraniegas y que sean saludables 

  • Los hábitos que se adquieren en la infancia suelen acompañarnos toda la vida, y en un mundo donde las tasas de enfermedades crónicas no transmisibles (como obesidad y diabetes) aumentan a ritmo alarmante, fomentar estilos de vida saludables desde los primeros años se ha convertido en una prioridad.  
  • Sin embargo, ¿qué significa realmente tener una infancia saludable? ¿Cómo pueden las familias, escuelas y comunidades contribuir a este objetivo? 

Buenos Aires, 19 de diciembre de 2024 – Horas y horas frente a la tablet o el celular de los adultos mirando videos cortos de quién sabe qué… Jornadas de trasnoche jugando en línea con ciberamigos y desconocidos… Se despiertan recién para almorzar y después toda la tarde echados en el sillón. Qué diferente esta actualidad de las colonias de verano, las tardes de plaza y las juntadas con amigos y amigas al aire libre. De hecho, en una encuesta reciente llevada a cabo en la Ciudad de Buenos Aires, 4 de cada 10 padres y madres afirmaron que sus hijos/as utilizan dispositivos electrónicos entre 2 y 5 horas por día; y casi un cuarto (23,4%) sostuvo que sus hijos las utilizan más de 5 horas por día.1  

El inicio de las vacaciones de verano de los más chicos representa desafíos para conservar rutinas, afianzar o desarrollar patrones de alimentación, promover vida al aire libre y reducir el tiempo de exposición a las pantallas. Sobre este tema reflexionaron expertos de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) y compartieron una serie de recomendaciones respaldadas en evidencia científica.  

PROFENI es un equipo de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que trabaja en el desarrollo de propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios, llevar adelante investigaciones en este campo, comunicar para concientizar sobre alimentación y así contribuir a la construcción de infancias saludables. 

Las recomendaciones que elaboraron están pensadas para orientar tanto a los padres como a quienes trabajan con niños y niñas, destacando que la construcción de hábitos no solo se centra en la alimentación, sino también en actividades cotidianas que influyen en el bienestar general: 

  1. Alimentación variada y equilibrada: Una alimentación saludable comienza con la diversidad. Incluir alimentos distintos de todos los grupos asegura un correcto aporte de nutrientes y también ayuda a desarrollar un paladar amplio y aceptación de nuevos sabores. 

La alimentación en la infancia tiene que priorizar alimentos de alta densidad nutricional e incluir variedad de frutas y verduras, legumbres, carnes magras (vaca, cerdo y pescado), lácteos (priorizando los fermentados, como el yogur, que es un alimento vivo que aporta microorganismos, además de calcio, vitamina D y proteínas), cereales enteros o integrales, bebidas sin azúcar -preferentemente agua- y dejar para ocasiones especiales aquellas opciones elevadas en nutrientes críticos (sodio, azúcar y grasas saturadas), como golosinas, helados  o galletitas dulces.    

El Dr. Omar Tabacco, integrante de PROFENI y expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría, puntualizó que “en todas las etapas de la vida comer sano es clave para cuidar la salud, pero en la infancia están sentándose las bases para la salud futura, por lo que el aporte adecuado de nutrientes es vital y puede contribuir significativamente a reducir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en el futuro” 

  1. Rutinas alimentarias: “El cómo y con quién comemos es tan importante como lo que comemos”, sostuvo Alberto Arribas, especialista en Nutrición, presidente de la Asociación Civil Supersaludable e integrante de PROFENI. Las rutinas ayudan a los niños y las niñas a reconocer las señales de hambre y saciedad. Desde pequeños, se recomienda realizar comidas en horarios regulares, compartir en familia la mayor cantidad de comidas posible y evitar distracciones como pantallas durante los momentos de alimentación.
  2. Vida activa y tiempo al aire libre: El sedentarismo es otro desafío de la era moderna. Además, el juego es un derecho innato. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos una hora diaria de actividad física para niños, niñas y adolescentes.2 “La vida activa favorece a todo el cuerpo desde una mirada integral; infancias activas promueven salud, fortalecen el crecimiento, el desarrollo y cultivan el bienestar integral», reconocen desde PROFENI.

La vida activa y la alimentación saludable van de la mano. Hay estudios que asocian la ingesta de alimentos como el yogur con patrones de vida más saludables, incluyendo alimentación, pero también un incremento de la vida activa y una consecuente reducción de la exposición a pantallas.3,4,5,6,7,8,9 

  1. Dar ejemplos saludables: Los niños y las niñas aprenden por imitación, por lo que los adultos tienen un rol clave en la formación de hábitos saludables. “Si un niño o niña ve a sus padres elegir alimentos saludables, disfrutar de la vida activa o gestionar las emociones de manera constructiva, es mucho más probable que adopte esas conductas. Los hábitos de los adultos -voluntariamente o no- son un espejo directo para los más chicos”, subrayó la Dra. Mónica Katz, médica especialista en nutrición, expresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición e integrante de PROFENI. 
  2. Políticas públicas: Fomentar hábitos saludables no es responsabilidad exclusiva de las familias. “El receso escolar puede ser una gran oportunidad para que las escuelas planifiquen y desarrollen iniciativas orientadas a ayudar a los chicos a afianzar un estilo de vida saludable. Es esencial que las instituciones educativas, el sector privado y los gobiernos trabajen en conjunto para crear entornos durante el receso escolar que promuevan la salud; esto incluye desde áreas de juego y educación alimentaria en las escuelas hasta regulaciones que aseguren el acceso a opciones saludables”.

Recomendaciones para familias y educadores 

– Planificación y participación: Involucrar a los niños en la compra y la preparación de las comidas fomenta la curiosidad y el aprendizaje sobre alimentos. 

– Evitar la utilización de alimentos como premios o castigos; esto puede asociar emociones negativas o positivas que interfieren en una relación saludable con la comida. 

-Promover espacios sin tecnología: momentos de desconexión favorecen una comunicación más fluida y centrada. 

 

Integrantes de PROFENI: Dra. Cecilia Araujo (Pediatría), Esp. Albert Arribas (Nutrición), Lic. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Lic. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Lic. Florencia Flax Marcó (Nutrición), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dra. Andrea Fabiana González (Gastroenterología), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Mónica Katz (Nutrición), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química).  

Alertan sobre los riesgos de eliminar grupos de alimentos en la dieta de los niños.

Alertan sobre los riesgos de eliminar grupos de alimentos en la dieta de los niños.

  • La malnutrición se observa en 1 de cada 2 niños en nuestro país1 y su causa más frecuente es la falta de diversidad alimentaria. 
  • Preocupa a los profesionales de la salud la tendencia de imponer a niños y niñas dietas que restringen determinados grupos de alimentos. Subrayan que cuanto más restrictiva es la dieta y más pequeño es el niño, mayor es el riesgo de deficiencias nutricionales.2 
  • Particularmente, la exclusión de lácteos (leche, yogur y queso) en la dieta vegana puede ocasionar déficit de calcio y vitamina D, nutrientes críticos para el desarrollo de los huesos, por la dificultad de alcanzar la ingesta recomendada a través de otros alimentos.  

Buenos Aires, 4 de noviembre de 2024 – En la infancia se da el mayor y más rápido crecimiento y desarrollo físico, cognitivo, social y emocional. Además de las preferencias innatas, las elecciones alimentarias se transmiten socialmente y están influenciadas por emociones, recuerdos y el entorno, donde padres y madres cumplen un rol preponderante, condicionando los hábitos futuros de los niños. En los últimos años, en los más chicos, se popularizaron dietas que -sin indicación médica- excluyen grupos de alimentos como lácteos, carnes y algunos cereales (por su contenido de gluten), lo que puede causar deficiencias nutricionales si no se implementan con la planificación adecuada y seguimiento profesional.  

“Muchos padres y madres, además de adoptar estos tipos de alimentación, se la imponen a los más pequeños en el hogar; lo hacen con buenas intenciones, pero elevado desconocimiento y puede representar un riesgo para el desarrollo de sus hijos”, alertaron desde PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), un equipo de profesionales de la salud con experiencia en temas relacionados con la nutrición infantil, que trabaja en el desarrollo de propuestas para mejorar el perfil nutricional de productos alimenticios, llevar adelante investigación en este campo, comunicar para concientizar sobre alimentación y así contribuir a la construcción de infancias saludables. 

Las restricciones de grupos de alimentos pueden ser por motivos religiosos, ético-filosóficos (rechazo al sacrificio animal), ecológicos (el impacto ambiental de la producción de carne), económicos (el costo de la producción de alimentos de origen animal) o relacionadas con problemas de salud. En ocasiones, se excluyen alimentos por mitos, creencias o recomendaciones alimentarias sin el respaldo de evidencia científica vigente, como evitar ciertos alimentos potencialmente alérgenos para prevenir el desarrollo de alergias alimentarias. 

Para el Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría, si bien la elección alimentaria de los padres y madres debe ser respetada, independientemente de las motivaciones, estos deben estar informados sobre los riesgos y beneficios de la dieta seleccionada3 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el veganismo -que omite todos los productos de origen animal, incluyendo carnes, lácteos y huevo – ocasiona posibles déficits de nutrientes esenciales como proteínas completas, vitamina D y B12, omega-3, calcio, hierro y zinc.4 Cuanto más restrictiva es la dieta y más pequeño es el niño, advierte, mayor es el riesgo de deficiencias nutricionales.5  

Tal como explicó la Lic. María Soledad Cabreriso, especialista en Nutrición Maternoinfantil, Magister en Ciencia y Tecnología de los Alimentos e integrante de PROFENI, “la variedad en la alimentación es fundamental, ya que cada grupo aporta diferentes nutrientes o componentes en mayor proporción. La deficiencia de micro y macronutrientes puede comprometer el  crecimiento y desarrollo adecuado, afectar el rendimiento escolar y aumentar el riesgo de enfermedades presentes y futuras”.6 

La recomendación general para garantizar el aporte de todos los grupos de macro y micronutrientes es, justamente, que los niños y niñas lleven una dieta variada, diversa, que incluya todos los grupos de alimentos: frutas, verduras, hortalizas, legumbres, lácteos (leche, yogur y queso) en porciones adecuadas, cereales integrales o fortificados y aceites saludables, además de carnes magras.  

De todos modos, desde PROFENI, explicaron que este tipo de dietas restrictivas puede llevarse a cabo, siempre que sean planificadas, la familia tenga acceso a alimentos vegetales y fortificados, se administren los suplementos adecuados y haya un monitoreo y seguimiento multidisciplinario.  

En la misma línea, para la OMS, existen preocupaciones sobre la adecuación nutricional del veganismo, porque la absorción y disponibilidad de ciertos micronutrientes es menor en los alimentos de origen vegetal, aunque aclara que se pueden planificar exitosamente una alimentación completa, siendo conscientes de las posibles deficiencias de micronutrientes.7 

El rol de los lácteos 

La leche, el yogur y el queso -excluidos en la dieta vegana- son muy buenas fuentes de proteínas de alta calidad, calcio, vitaminas A, B, D, fósforo y magnesio. Además, los alimentos fermentados y enriquecidos con probióticos, como determinados yogures, modulan la microbiota intestinal, impactando favorablemente en los sistemas digestivo, respiratorio e inmunológico.  

El calcio constituye el principal componente del hueso y la masa ósea va incrementándose a lo largo de la infancia (por eso es vital cumplir con los requerimientos de calcio en la dieta) hasta que alcanza su pico de máxima mineralización entre la segunda y el inicio de la tercera década de la vida.  

“Es sumamente difícil cubrir los requerimientos de calcio en la infancia si se excluyen los lácteos; suele ser necesario complementar la dieta con alimentos fortificados y suplementos dietarios, advirtió la Dra. Mabel Carosella, médica pediatra, integrante de PROFENI y Directora Médica del Grupo Pediátrico Belgrano R. 

De hecho, en Argentina el 70% de la población infantil no cubre la ingesta diaria recomendada de calcio8 y el 96%, la de vitamina D9. Eso sucede porque 8 de cada 10 no consumen las tres porciones diarias de lácteos recomendadas10 

“El consumo de una cantidad suficiente de lácteos reduce el riesgo futuro de osteoporosis. Además, existe evidencia de que tienen un efecto cardioprotector y determinados péptidos presentes en la proteína de suero lácteo presentan posiblemente un efecto antiinflamatorio a partir de propiedades bioactivas, más allá de los beneficios adicionales de los probióticos presentes en determinados yogures. Por todo esto, se continúa recomendando el consumo sostenido de lácteos desde la infancia”, agregó el Dr. Lucio González, médico especialista en pediatría y gastroenterología infantil, miembro de PROFENI e integrante del Hospital de Niños de San Justo. 

“En síntesis, la población debe recibir mensajes claros respecto a los hábitos saludables y a las recomendaciones nutricionales. A la luz de toda la evidencia científica disponible, las dietas restrictivas en la infancia, sin una indicación médica, pueden aumentar el riesgo de deficiencias nutricionales y comprometer el desarrollo. Por ello, es vital que los padres estén informados y sigan recomendaciones de profesionales de la salud y de la nutrición, que -basadas en evidencia científica- promueven una alimentación variada y equilibrada”, concluyeron desde PROFENI. 

Integrantes de PROFENI: Dra. Cecilia Araujo (Pediatría), Esp. Albert Arribas (Nutrición), Lic. Sergio Britos (Nutrición), Lic. Sandra Nora Blasi (Nutrición), Dr. Christian Boggio Marzet (Gastroenterología infantil), Lic. María Soledad Cabreriso (Nutrición), Lic. Mabel Valeria Carosella (Pediatría), Lic. Florencia Flax Marcó (Nutrición), Dra. Ingrid Gerold (Pediatría), Dra. Andrea Fabiana González (Gastroenterología), Dr. Lucio Nicolás González (Gastroenterología infantil), Dra. Mónica Katz (Nutrición), Dra. Romina Lambert (Pediatría y Nutrición), Lic. Mariana Raspini (Nutrición), Dra. Noelia Vanesa Rodrigues Cambao (Psiquiatría), Dr. Omar Leonardo Tabacco (Pediatría y Gastroenterología), Dra. Ana María Tamagnone (Pediatría), Dra. María Elena Torresani (Nutrición) y Dr. Gabriel Vinderola (Química).